Es consecuencia de que las escuelas abran sus puertas a cualquier falto de pasión, que un día cualquiera, entres a La Red Social, y te encuentres con estampas de personas que al parecer saben la verdad absoluta sobre la cocina. Dicen lo que un cocinero es y lo que no es.
Me pregunto yo, ¿estarán sufriendo tanto, ahora que se dan cuenta de que la cocina no los satisface? No quiero ni imaginar la crisis interna por la que están pasando. Vetas de duda en sus sesos. Grisásea confusión.
Yo qué sé.
Nada.
Por esto mismo, nadie soy yo para aventurarme a decir lo que la cocina es y lo que la cocina no es. Sin embargo, sí que me llena de una rabia, tan efervecente como una pastillita de ácido acetilsalicílico en agua, encontrarme este tipo de disparates. ¿Quién permite que cualquier mequetrefe escriba tales pamplinas? Es que esto me pone mal.
Precisamente, una de las grandes maravillas que encuentro en la gastronomía, es que no hay verdades absolutas. Es una de las más sensoriales materias de la vida. Todo es acerca de la expresión y la percepción. Algunos la definen como un lenguaje, otros como arte, otros como vida. Acertados todos, diría yo.
Me entristece ver pelmazos tan galantes con sus filipinas, que entran y salen de las aulas, de las cocinas, y no vuelven sino hasta que tienen clase otra vez. No deseo que se vayan. Me caería simpático que pudieran entender la vida por medio de la gastronomía. Para mí eso es. Una manera de entender.
Percepción.
Comunicar. Regalar momentos. Crear sensaciones. Aprender técnicas con maestría.
Sin duda, la gastronomía es un gran regalo.
Por favor, si no lo ves de esta manera, no arranques el envoltorio sin piedad y luego te olvides.
Algunos nunca te lo perdonaremos.
En cambio, te invito a que le abras las puertas de tu cabeza a este gran mundo. Conócelo. Respétalo. Enamórate. Piérdete. Olvida todo lo demás. Cocina.
Me pregunto yo, ¿estarán sufriendo tanto, ahora que se dan cuenta de que la cocina no los satisface? No quiero ni imaginar la crisis interna por la que están pasando. Vetas de duda en sus sesos. Grisásea confusión.
Yo qué sé.
Nada.
Por esto mismo, nadie soy yo para aventurarme a decir lo que la cocina es y lo que la cocina no es. Sin embargo, sí que me llena de una rabia, tan efervecente como una pastillita de ácido acetilsalicílico en agua, encontrarme este tipo de disparates. ¿Quién permite que cualquier mequetrefe escriba tales pamplinas? Es que esto me pone mal.
Precisamente, una de las grandes maravillas que encuentro en la gastronomía, es que no hay verdades absolutas. Es una de las más sensoriales materias de la vida. Todo es acerca de la expresión y la percepción. Algunos la definen como un lenguaje, otros como arte, otros como vida. Acertados todos, diría yo.
Me entristece ver pelmazos tan galantes con sus filipinas, que entran y salen de las aulas, de las cocinas, y no vuelven sino hasta que tienen clase otra vez. No deseo que se vayan. Me caería simpático que pudieran entender la vida por medio de la gastronomía. Para mí eso es. Una manera de entender.
Percepción.
Comunicar. Regalar momentos. Crear sensaciones. Aprender técnicas con maestría.
Sin duda, la gastronomía es un gran regalo.
Por favor, si no lo ves de esta manera, no arranques el envoltorio sin piedad y luego te olvides.
Algunos nunca te lo perdonaremos.
En cambio, te invito a que le abras las puertas de tu cabeza a este gran mundo. Conócelo. Respétalo. Enamórate. Piérdete. Olvida todo lo demás. Cocina.